Estaba ahí pero no, como una relacion de amor-odio. Igual. El colchón y mas abajo el cemento, los dos fusionados, visualmente se veía uno encima de otro. La caída finalmente fue un roce y luego si, lo que seguía: estrellarse. Un como sí: un gris no decidido y lamentablemente yo, en mis propias contradicciones, a veces busco los extremos, como las caídas al abismo cuando las ausencias lo toman todo. Es en vano y es deseado. El camino bifurcado es tan claro y la decisión tan retardada al punto de ser el área ciega, lo que no se ve. Psicoanálisis de café.
Puff, de nuevo suelto en el medio del circo humano. Las deformaciones me aterran. Y todas las risas son sordas (ya no son más que muecas siniestras).Los millones de ojos luminosos siempre me enfocan (no hay rastro humano en ellos, son solo focos). Desde la oscuridad. Desde las luces que me encandilan. Siempre me están apuntando: quieren elucidar mis defectos (por eso camino rápido).
En el medio del ahogo y el sudor frío es cuando grito por ayuda. Y disfrutar se hace preciso (hay que ser parodista en el medio del carnaval) más menester es un refugio: no puedo ser uno más. No es por orgullo ni ansías de diferencias: si no estuviera perdido no tendría sentido la salvación. Y la persigo. Los pensamientos se entremezclan, se enroscan y conducen a la frustración. Hace falta una limpieza, pero está todo sucio y no quiero ser excepción. Siempre necesito los aliados que no están. Doy cuenta del instante como el desencadenamiento de una serie de decisiones sin sentido. Y producto de una construcción demasiado precaria de la realidad propia. Cuando empieza a correrse la pintura de aquellos rostros vislumbro el gesto adusto, de resignación (propio de aquellos ofendidos y humillados que persiguen ofender y humillar como vicio de animales enfermos) que se esconde sobre la falsedad de la sonrisa.
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Por suerte estoy de nuevo en el subsuelo. Ese camino donde todos los colores desaparecieron (lo acromático lo chupó todo) y las calles (todo el mundo) se volvieron un espiral, parece ya ser un torbellino donde algunos tristes arlequines aún persisten en sus torpes malabares. Hoy expurgué los demonios en un sentido geográfico (Por una vez fuí exitoso)